13 de diciembre de 2010

¡Qué viva la música!

Entrevista en París el 13 de junio de 2008

Este joven venezolano de 29 años es una de las promesas musicales más reconocidas a nivel mundial. Comenzó a tocar violín a los 5 años, a los doce ya dirigía una orquesta en Venezuela. Hoy en día llena salas de concierto alrededor del mundo y teatros de la talla de la Scala en Milán.

¿Cómo fue su primer acercamiento con la música?

Yo nací en 1981 y agarré mi primer instrumento en 1986. Quería tocar trombón como mi papá, pero no podía porque el trombón es un instrumento muy grande. Comencé entonces con la trompeta pero me dolían los dientes, y después llegué al violín porque todos mis amigos lo tocaban. Eso sí, el violín me encantó.

¿Qué fue lo que más le gustó de este instrumento?

El violín es un instrumento muy difícil porque no está temperado. Es decir, no es como el piano que esta afinado y cuando tú tocas una tecla, suena. Para que suene una nota en el violón es muy difícil.

¿Cuál es el instrumento impresindible en una orquesta?

Todos son esenciales. El instrumento del director es la orquesta y aunque existen distintos formatos de orquesta- la orquesta de cámara, el ensable de viento de madera, de metal, la banda de la orquesta, la de cuerda- todos los instrumentos son importantes.  Eso sí depende la orquestación que quiera el compositor.

¿Qué orquestas ha dirigido?

Yo he dirigido mucho en Venezuela. Comencé cuando tenía 12 años y a los 13 ya estaba dirigiendo continuamente. En Europa, por ejemplo, trabajé con la orquesta de Radio France en París y la dirigí por primera vez en el 2006 en un concierto de música latinoamericana.

¿Le hubiera gustado estudiar en Europa?

Sin quitarle la importancia a la educación musical europea allí es muy difícil que un director diriga una orquesta, se necesita pasar 5 años estudiando el piano. En Venezuela yo ya tenía una orquesta que yo mismo dirigía, esa fue la mejor educación para mí. Fue una oportunidad única. Comencé con la Orquesta de Cámara Amadeus, después con las Orquestas Juveniles del estado de Lara, la Orquesta de Bolívar, luego la Sinfónica de Lara y la Orquesta Juvenil de Caracas que dirigí durante 3 años.

¿Cuál ha sido el escenario más retador?

Todos los escenarios tienen algo especial, pero quizás el más emocionante fue mi primer concierto con la Sinfónica de Lara a mis 16 años. En estos días dirigí la Orquesta Filarmónica de Viena que es un ícono en el mundo. Me sentí muy bien porque yo la dirigía cuando tenía 7 años en mi casa con el disco (jajaja).

¿Cuál es la pieza más difícil de tocar?

Todas, cada una tiene su dificultad ya que cada una es muy diferente de la otra. No se puede decir que Mozart es más fácil que Maller, porque Mozart  tiene su dificultad, quizás no es tan virtuoso como Maller pero tiene otra tipo de virtuosismo: los colores, la forma de tocarlo, la simpleza. Mientras más simple es la música mucho más difícil es hacerla, porque te exige mucho más a ti. Morzart tiene una forma sencilla, pero el resto lo tengo que poner yo. El director es un creador, soy yo quien tengo que crear la música.

¿Cómo ve a América Latina a nivel de orquestas?

El maestro venezolano José Antonio Abreu está trabajando mucho en Colombia, especialmente en Medellín, Bogotá y Cali. Sé que hay un movimiento que todavía no se ha destapado. Sin embargo, el problema no sólo en América Latina sino en el mundo es la burocracia. Todo se tranca por la burocracia, si hay un proyecto que está avanzado y que cuesta un poco más de dinero del presupuestado el proyecto se tranca, el dinero tiene que ir entonces para otro bolsillo y ese ha sido el problema de las artes. En Venezuela, gracias al maestro Abreu, hemos sacado estos proyectos adelante.

¿Con cuántos niños cuenta la orquesta Venezolana hoy en día?

El sistema de orquesta tiene alrededor de 260.000 niños, pero el maestro Abreu quiere llegar al millón de niños. Además hay 70.000 coralistas, más los músicos populares que forman el sistema, es gigantesco. También se está trabajando en Argentina, Chile, Uruguay y Brasil. Asismimo se está expandiendo en Escocia y en Los Ángeles.

¿Cuál es su principal objetivo como músico?

Uno de mis objetivos es promover los jóvenes directores venezolanos. Evidentemente las orquestas juveniles ya están muy bien vistas fuera de nuestro país, pero ahora viene la etapa de las nuevas generaciones que deben tener la oportunidad que yo he tenido durante los últimos años. El hecho de que los jóvenes tengan acceso a las artes y a la música cambia a la sociedad de verdad, y eso es lo que estamos haciendo ahora. Eso es lo que la gente necesita y eso es lo que estamos exportando al mundo.

¿Está establecido en Caracas?

Estoy establecido en el avión. Ahí está mi casa por ahora. 

8 de diciembre de 2010

Hotel Scribe, patrimonio histórico francés

Hasta el mes de diciembre el Hotel Scribe en París celebra sus 150 años con encuentros culturales, literarios y gastronómicos. Construido en 1860, este maravilloso hotel hace parte del patrimonio histórico y cultural de la Ciudad de la Luz.

En 1860, mientras París vivía la época de grandes renovaciones urbanísticas, Napoleón III le ordenó al Barón Haussmann construir un edificio en la calle Scribe, situada entre la lujosa Ópera Garnier y la Place Vendôme. Con este proyecto, el Segundo Emperador de Francia quiso hacerle un homenaje a Eugène Scribe, miembro eminente de la Academia Francesa y escritor de libretos y de obras para la ópera y para teatros importantes de la ciudad.

Tres años después de su construcción, la edificación fue escogida como sede principal del Jockey Club, y el famoso Grand Café”, localizado en el lobby del hotel, se convirtió en el punto de encuentro de la élite parisina y de la “crema y nata” del mundo de las artes, de la moda y de las letras. Múltiples personajes de la vida cultural mundial visitaron y hasta vivieron allí. La famosa cantante y actriz afroamericana Josephine Baker y el importante decorador ruso Serge Diaghilev lo escogieron como lugar de residencia, y habitaron en las suites más lujosas durante varios años.

Este fue también el centro principal de prensa de las Fuerzas Aliadas durante la Liberación de París en los años cuarenta. Allí se instalaron los más reconocidos periodistas y reporteros de la época, y en los maravillosos salones del hotel el general Eisenhower dio conferencias para la prensa en presencia de grandes corresponsales y fotógrafos como Ernest Hemingway, John Dos Passos, Robert Capa y Lee Miller.

A partir de los años ochenta el hotel comenzó diversas etapas de remodelación que se prolongaron hasta el 2007. El hotel cuenta hoy con 213 habitaciones y 13 suites, además de habitaciones dúplex con un diseño interior moderno. Jacques Grange se encargó de la novedosa y elegante decoración, y hoy el Hotel Scribe ofrece tres nuevos espacios: el spa, el salón de té y el restaurante-bar “Café Lumière”, construido en homenaje a los hermanos Lumière, quienes en 1895 realizaron su primera proyección pública de cinematografía en uno de los salones. Con un techo de cristal y un hermoso patio exterior, este nuevo restaurante ofrece los platos más exquisitos de la cocina francesa. Asimismo, el comedor “Les Muses” (Las Musas) sirve platos de temporada con un toque más contemporáneo.

Celebrando sus 150 años de historia, el Hotel Scribe ha venido organizando un ciclo de conferencias, de exposiciones e invitaciones culinarias que terminará el 31 de diciembre con una gran cena de año nuevo. Asimismo, el historiador Pierre-André Hélène publicó el libro “L’Hôtel Scribe, une légende au coeur de Paris” (El Hotel Scribe, una legenda en el corazón de París), con el propósito de resaltar la importancia de este grandioso lugar como patrimonio y huella viva del pasado histórico francés.


3 de diciembre de 2010

Viajar sin impuestos

Para miles de viajeros en el mundo realizar compras durante las vacaciones resulta ser un verdadero martirio. Buscar el detalle perfecto para familiares y amigos, recorrer las calles mirando vitrinas o aguantar largas filas en los almacenes puede llegar a ser insoportable. Por esta razón, para ahorrarse este tipo de problemas, muchos compran a última hora en las conocidas tiendas duty-free, almacenes que ofrecen productos libres de impuestos.


El primer almacén duty-free en el mundo fue inaugurado en el Shannon Airport en Irlanda en 1947. Millones de pasajeros que viajaban entre Norte América y Europa solían parar en este aeropuerto, algo que llamó la atención de Brendan O´Regan, quien  imaginó la estrategia perfecta para llamar la atención de los viajeros. Así, propuso que todo lo que la gente comprara después del control de inmigración no tendría impuestos. La idea fue todo un éxito y poco a poco este tipo de almacenes se fue expandiendo por el mundo entero.


Los productos sin impuestos se consiguen no sólo en aeropuertos, sino también en algunos puntos fronterizos, en cruceros y aviones. Cosméticos, perfumes, chocolates, cigarrillos, licores, ropa y accesorios de marcas lujosas son sólo algunos de los principales productos que se venden en estos lugares. Asimismo, adentro de los aviones y, dependiendo de las aerolíneas, se ofrecen catálogos que presentan una gran variedad de accesorios y alimentos para disfrutar durante el viaje: kits de aseo y de belleza, objetos electrónicos, lujosos relojes, joyas y gafas de sol y juguetes para entretener a los niños.


En aerolíneas como Air Canada, Singapur Airlines y Korean Air, por ejemplo, se recomienda visitar la página web de la aerolínea días antes de viajar para escoger y reservar los productos  que usted desea comprar. Algunas de estas compañías ofrecen artículos y promociones exclusivas que no se ofrecen en los aeropuertos. Virgin Atlantic, por ejemplo, es la única compañía aérea que ofrece a la venta el vodka mediterráneo Akvinta Premium.


Sin embargo, aunque mucha gente cree hoy que este tipo de shopping es la mejor manera de ahorrarse unos pesos hay quienes aseguran que no es la mejor solución ni la más barata. Según un estudio de la compañía Kelkoo, el aeropuerto inglés Heathrow,  además de contar con las tiendas de duty-free más costosas en el mundo, ofrece solamente el 6.2 por ciento de descuento en sus tiendas, lo cual indica que la diferencia con las tiendas de la calle no es significativa. “Los aeropuertos crean un ambiente perfecto para que la gente sienta la necesidad de comprar, ya que además de tener tiempo para hacerlo, cuentan con dinero extra en sus bolsillos. Todavía se tiene la percepción de que estas tiendas ofrecen los mejores precios y no siempre es así”, asegura Bruce Fair, director de la investigación.


Mire, compare y compre


A nivel mundial, los productos de mayor demanda en el mercado duty-free son los siguientes: licores, perfumes, cosméticos, tabacos y cigarrillos, chocolates, aparatos electrónicos, accesorios y ropa de marca.  Sin embargo, recuerde que cuando se compra en una tienda duty-free es importante saber más o menos cuál es el precio real del producto que usted desea. Es por esta razón que los fanáticos de este tipo de shopping intentan buscar primero mejores precios en Internet o en las tiendas en las ciudades para luego saber si comprar en el aeropuerto vale la pena. No olvide que algunos países tienen un límite de compras. Si se sobrepasa, deberá declararlo y pagar una multa. Por ejemplo, cada pasajero tiene derecho a comprar un cartón de 200 cigarrillos, un litro de alcohol, dos litros de alcohol suave, dos litros de vino y 250 ml de perfume.  En cuanto a las bebidas alcohólicas busque las ediciones limitadas o premium, ya que seguramente serán licores de muy alta calidad a muy buen precio.


Una vez usted compra alguno de estos productos es casi imposible cambiarlos, así que cerciórese de que su compra no tenga ningún defecto. En caso de comprar aparatos electrónicos, no olvide que los voltajes y las tomas de corriente son diferentes en todo el mundo. Con las nuevas medidas de seguridad, no intente pasar las botellas de licor en el maletín de mano, ya que la probabilidad de que se las decomisen es alta. Por último, respire, no olvide la prudencia y la calma antes de comprar en almacenes duty-free. Las estrategias de marketing, la excitación del viaje y las llamativas vitrinas de algunos almacenes logran captar la atención del consumidor, quien en pocos segundos olvida cuánto dinero tiene en su billetera. Intente no volver a su casa con más deudas.


2 de diciembre de 2010

Ajaccio, tierra imperial


Situada a 200 kilómetros de la Costa Sur de Francia y vecina próxima de Cerdeña, Córcega es una de las islas más hermosas del Mediterráneo. Muchos la llaman “La isla de la belleza” o “La isla verde” por el incomparable color azul de sus mares y su encantadora riqueza natural. Córcega es la combinación perfecta entre montañas rocosas, magníficas playas y una gastronomía excepcional.

Reservados, nacionalistas y secretos. Funcionan bajo la ley del silencio, son solidarios, orgullosos y buscan a como dé lugar el reconocimiento de su propia cultura y de su lengua. “Los franceses no nos sentimos bien recibidos”, me confesó un amigo parisino. Después de escuchar tantas historias, mitos y leyendas sobre el pueblo corso me pareció interesante realizar el viaje que había pospuesto durante tantos meses para descubrir de una vez por todas qué es lo que esconden la isla y sus habitantes.

A Córcega se puede llegar en avión o en barco, inclusive existen varias compañías de ferries y de cruceros que organizan actividades alrededor de la isla a un precio razonable. La isla está dividida en dos departamentos: Alto y Bajo. Evidentemente la mejor época del año para viajar es durante el verano, pero por cuestiones climáticas preferí conocer Ajaccio, capital de la región del sur, en marzo, un mes frío y soleado. Me recomendaron alquilar un carro durante los días de mi estadía, ya que las playas y los parques naturales son lejanos del centro de la ciudad.

Las primeras caminatas por la ciudad me dejaron ver rápidamente la influencia italiana. En las calles estrechas se descubren cafés y restaurantes escondidos repletos de gente disfrutando de las frías tardes de primavera. Las casas antiguas salpicadas por el tiempo, las ancianas observando desde las terrazas el paso de los transeúntes y los viejos amigos risueños en los bares de “toda una vida” me trajeron a la cabeza imágenes de películas sicilianas que huelen a pescado, a aceite de oliva y a mar.

Una de las atracciones obligatorias es Les Calanques de Piana, enormes rocas de granito rojo declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1983. Las simpáticas y extrañas formas de las llamadas taffoni son el resultado de las bruscos cambios de temperatura, junto a la humedad del Mediterráneo y a los fuertes vientos del la zona. En el Hotel Napoleón me aconsejaron llevar carro, ya que los acantilados se encuentran a una hora de la ciudad y el acceso a las playas es imposible a pie.

De vuelta a la ciudad visité las famosas Islas Sanguinarias, un pequeño archipiélago en donde se puede admirar, como en pocos lugares del mundo, la imponencia del mar y de las olas chocando brutalmente sobre las piedras. La caminata hasta el faro, construido en 1870, está señalizada, sin embargo, hay que tener mucho cuidado con los desniveles y los altos abismos. Al atardecer, un joven turista me explicó el nombre del lugar: “Cuando cae el sol parece que los rayos de luz de desangraran sobre las rocas”.

Un poco de historia

Córcega tiene una historia compleja, ya que su pueblo fue durante varios siglos testigo de frecuentes invasores que implantaron sus idiomas y tradiciones. El 15 de mayo de 1768, gracias al Tratado de Versalles, la isla pasó a ser territorio galo y hoy pertenece al grupo de Colectividades Territoriales Francesas. Es gracias a esta riqueza de influencias culturales y lingüísticas y por su cercanía con Francia e Italia que la isla es una mezcla maravillosa de sabores, razas y costumbres.

Uno de los orgullos patrios de Córcega es, sin lugar a dudas, el gran emperador Napoleón Bonaparte. En Ajaccio se puede visitar la casa donde nació Bonaparte, hoy convertida en museo histórico. Fotos de familia, recuerdos de infancia, cartas y testimonios de sus familiares se encuentran organizados en una pequeña residencia escondida en una calle peatonal. Napoleón fue quien convirtió a Ajaccio en la nueva capital de Córcega en 1811 y su presencia y respeto permanece en la ciudad a través de estatuas y monumentos. El Cours Napoleón, por ejemplo, es una bella plaza que invita a los transeúntes a disfrutar de la hermosa vista al mar, la llegada de los buques y de los cruceros y a compartir en familia un café o un delicioso gelato italiano.

Es evidente que parte de ese nacionalismo que caracteriza a la población corsa está directamente relacionado con el orgullo de su propia lengua, que para muchos está en vía de extinción. Y aunque la mayoría de gente se comunica en francés (ambas son lenguas oficiales), los anuncios en las carreteras, en los restaurantes y en las tiendas están escritos en idioma corso o corsu. El gerente del hotel me comentó que fue solamente a partir de 1991 que Francia permitió que este idioma se enseñara en las escuelas.

Delicias ancestrales

La exquisita gastronomía es otro de los placeres que ofrece esta encantadora isla. Entre los platos típicos llaman la atención el figatellu (salchicha de hígado), el lonzu (lomo de cerdo salado y secado) y el brocciu (queso local). Existe también una amplia diversidad de panes, bizcochos rellenos, pescados, carnes, quesos curados y las famosas canistrelli, pequeñas galletas alargadas hechas de almendra aromatizadas con ricos sabores: limón, nuez, almendras y anís.

Sagradamente, todos los fines de semana un inmenso grupo de artesanos y campesinos se instala en la plaza principal al frente del puerto de Ajaccio para vender los más frescos y exquisitos productos. Me sorprendió la amabilidad de la gente por explicarme qué era cada cosa, cómo se comía y de qué región venía. Uno de los bizcochos que me llamó la atención fue el caccavelli, un inmenso roscón con un huevo duro en la mitad, el cual “aporta salud y buena suerte a los comensales”.

Otra de las especialidades corsas es el vino. Entre las cepas más reconocidas se encuentran: Niellucciu, Vermentinu y Sciaccarellu. La primera es una de las más importantes. Niellu en lengua corsa significa “negro, oscuro, duro”. Según los expertos este es un vino dulce, frutoso y elegante. El segundo viene de una cepa blanca de muy alta calidad y ha sido nombrado como uno de los mejores vinos del Mediterráneo. Por último, los expertos hablan del Sciaccarellu como un vino “crocante”, ya que contiene un cierto aroma a frutas rojas, almendras y especies. Este es un vino rosado de color salmón, ligero y agradable.

Aproveche visitar esta isla paradisíaca durante el verano, época en la que se celebran múltiples festivales de música y de deportes extremos en las principales ciudades. Disfrute de los parques y monumentos naturales, reconocidos mundialmente por su buen estado de conservación. Y finalmente, no se deje influenciar por quienes dicen que los corsos son reservados y hostiles. Pueden ser tan charlatanes como los italianos y tan orgullosos de sí mismos como los franceses. En pocas palabras, los corsos con la hermosura de sus paisajes y la distinción en la comida son, simplemente, la combinación perfecta.

11 de noviembre de 2010

Se despertó El Chacal

Heredero de la nouvelle vague francesa, Olivier Assayas es hoy uno de los directores más reconocidos en este país. Esta vez se arriesgó a contar la historia de Ílich Ramírez Sánchez alias “El Chacal” en la película “Carlos”, una aventura que despertó la indignación del propio protagonista desde la cárcel. 

Cómo surge la idea de hacer una película sobre Ílich Ramírez Sánchez alias Carlos “El Chacal?

Al final del 2007 el productor Daniel Lecompte me mostró una investigación hecha por un periodista que había escrito una especie de cronología, una investigación muy seria sobre Carlos “El Chacal”. Yo comencé a leerla y me pareció apasionante. Ahí mismo sentí que había una idea cinematográfica, pero me parecía una idea muy difícil de realizar, demasiado complicada y costosa.

Para la producción de la película, usted trabajó con los testigos reales de la historia?

Esta es una historia que hasta hoy es tema de debate, por eso es muy complicado estar tan cerca del protagonista. Yo no quería implicarme políticamente y quería tener una posición factual, objetiva, rigurosa y honesta. Si yo hubiera comenzado a interrogar a los protagonistas ellos hubieran contado su propia versión y después me hubiera tocado buscar otras versiones de los hechos y eso hubiera sido una confusión terrible. 

A partir del momento en que decidí hacer esto yo sabía que la película estaría basada en hechos reales, pero que a la vez sería un filme de ficción en la medida en que las cosas se reinventan: no son las mismas personas, no son los mismos lugares, no es la misma época. Hay de alguna manera algo de artificial. Siempre consideré muy importante sentirme libre para dar mi propia interpretación de un mito contemporáneo.

Cómo escogió al actor Edgar Ramírez y a los demás actores latinoamericanos?

Ese era uno de los aspectos más complicados de la película. Cuando se habló de la idea de un combate internacional consideré fundamental contar con las especificidades en la identidad de cada uno de los personajes. Si hubiera escogido a un brasilero o a un español que hiciera de Chacal hubiera sido completamente idiota. La posibilidad de haber escogido un actor venezolano le da un lugar geográfico a la historia.

Uno de los candidatos fue Gael García Bernal ?

Sí. Yo admiro mucho el trabajo de Gael García Bernal, pienso que es un actor formidable, pero nunca pensé que podría ser físicamente como Carlos. Es verdad que en un momento dado tuve mucha presión de la producción porque ellos querían alguien más conocido que Edgar. Yo hablé con García Bernal y me encantaría hacer una película con él,  pero yo nunca pensé que él podría interpretar ese papel.

Filmaron en ciudades como París, Viena, Budapest, entre otras. Por qué no pudieron filmar en Siria?

En Siria fue imposible filmar porque Siria es un estado totalitario y además porque  juega un rol criminal en la historia de Carlos. Si le hubiéramos pedido al estado sirio filmar en Damasco no creo que nos hubieran dado la autorización. Hicimos exteriores en Budapest,  Viena, Londres y en La Haya porque son lugares reales de los hechos.

Cuál fue la escena más difícil de rodar?

Yo pienso que todas las escenas son difíciles. Por ejemplo, la escena en donde El Chacal mata a dos inspectores de policía franceses y a un antiguo compañero terrorista libanés fue muy complicada porque es un momento clave en la historia y debíamos restituir el hecho de la manera más verídica posible. Hubo muchas cosas que me parecieron extremadamente difíciles de hacer en esta película.

Especialmente en ésta ?

Sí, porque es una película de época que sucede en diversos países, en donde se tiene que reconstituir todo, hay escenas de acción, hay muchos  detalles, hay 120 personajes en el filme! Esas son cosas que se salen completamente del modelo de cine francés, y eso que mis películas siempre han sido algo extrañas para los franceses!

En los últimos años se han hecho producciones similares como el “Che” y  “Mesrine”, historias largas de personajes míticos. De qué manera esta producción se diferencia de las demás ?

En primer lugar nosotros tuvimos mucha menos plata que las otras producciones. (risas). El “Che”, como lo va a ser “El Chacal” consiste en filmes largos de dos partes. Son formatos poco corrientes pero hoy ya podemos aventurarnos a hacer eso. Estas películas intentan contar, a través del arte del cine, los mitos contemporáneos. Estas historias no se pueden contar en menos tres horas.

Con la producción del “Che” y de “El Chacal”, cree que hay un renacer o una moda de contar la historia de héroes revolucionarios latinoamericanos?

Cuando contamos las historias de los años setenta, las luchas revolucionarias parten de América Latina porque es un período en donde todo el continente está en guerra. Yo pienso que desde el imaginario de los izquierdistas europeos el Medio Oriente y América Latina fueron dos lugares en donde hubo un verdadero combate. Los revolucionarios latinoamericanos tienen un prestigio de ser « verdaderos soldados », de haber arriesgado sus vidas, lo que no ocurrió en el caso de los izquierdistas europeos. Lo que me interesa de todo esto es ver a “El Chacal” bajo la perspectiva europea, ese choque de culturas, de convicciones revolucionarias, de su encuentro con Europa y con el activismo palestino.

Ilich Ramírez Sánchez lo denunció hace varias semanas desde la cárcel, en donde exige ver la película antes de que salga al aire. Esa declaración no es atentado contra el derecho a la libre expresión?

Yo no quiero intervenir muy a fondo en ese tema porque son temas jurídicos que hasta hoy se están discutiendo. Su historia es una historia contemporánea que pertenece, como mito, a la  historia colectiva. De esta manera sería realmente imposible tener que contar la historia bajo su control. Es como si Oliver Stone le hubiera tenido que pedir permiso a Nixon cuando hizo la película. Yo entiendo su molestia, yo entiendo que debe ser extraño, pero es absurdo que nos obliguen a mostrarle el filme. Ya hubo una audiencia y el juicio será el próximo 4 de febrero.

Conoce el cine latinoamericano?

Conozco un poco el cine argentino. En Argentina hay gente que está haciendo cosas nuevas y claro, le cine mexicano. Creo que estos son dos países en donde hay un cine moderno, interesante, original, que no le debe nada a nadie. Lo que se está haciendo allá no se podría hacer en otra parte, son historias contadas de una manera y con un imaginario muy particular.

A lo largo de su carrera ha hecho películas muy distintas. Evita quizás que lo encasillen en un estilo específico de hacer cine?

Sí, eso es completamente cierto. No me gusta la idea de ser predecible, el cine es para mí una manera de explorar el mundo. Cuando hago una película tengo la impresión de estar produciendo cosas nuevas. Kubrick es quizás un modelo: hizo un sólo filme sobre el siglo XVIII, uno  sólo de ciencia ficción, uno de horror. Hay artistas que siempre quieren hacer la misma cosa y otros que buscan y que necesitan estimular su imaginación. Yo me encuentro en el segundo grupo.

La gente dice que en tus películas haces referencias musicales con el rock y la literatura. Piensas que un director siempre pone un pedazo de su vida en sus películas?

Pienso que todos los artistas ponen algo de ellos en su trabajo de una manera u otra. Hay unos que lo hacen de manera literal o abstracta, pero la inspiración viene siempre de tu experiencia con el mundo, de la vida, de la observación, de lo que te rodea. Si no fuera así el arte no podría existir.

Qué es lo que más le gusta de su trabajo ?

François Truffaut decía: «  Me gusta hacer cine porque me da el mejor horario posible” . Cuando haces cine tienes el tiempo para escribir y reflexionar y después estás en la acción, viajas, fabricas, creas algo. Ese movimiento de ir y venir de la reflexión a la acción es lo que hace del cine algo apasionante.

Con qué actor te gustaría trabajar en un futuro ?

Hay muchos. Hay una actriz americana Maggie Gyllenhaal con quien trabajé para el cortometraje de “Paris Je t´aime” y quedé frustrado por no haber tenido más tiempo para trabajar más con ella.

Tiene en mente un nuevo proyecto?

No tengo todavía nada en mente. Por lo pronto me quedo con Carlos.

17 de julio de 2010

Carlos Cruz-Diez, maestro de maestros


En la esquina de la calle Pierre Sémard, en el cruce con la calle Maubeuge, Carlos Cruz-Diez se sienta en la terraza de su café preferido. Este pequeño café ha visto pasar amigos, periodistas, artistas y aficionados de la obra del maestro venezolano, quien desde hace 47 años vive en la misma calle en donde también tiene su taller. Con cerveza fría en mano, en una típica mañana de verano parisino, Carlos Cruz-Diez celebra sus cincuenta años de vida en la Ciudad de la Luz.

- Maestro, usted llegó a París  en los años sesenta. Por qué París?

Yo llegué por primera vez a París en 1955, salí de Caracas como Cristóbal Colón, pero a la inversa, un 12 de octubre. Llegamos primero (con mis dos hijos y con mi mujer) a Barcelona porque yo hablaba muy poco francés. Vine a París varias veces y recuerdo que  la primera vez que vimos la ciudad dijimos al unísono con mi esposa: “Aquí es”. París nos fascinó porque esta ciudad tiene algo muy particular que se llama confort urbano, es decir, el tamaño de las cosas no es tan grande como para aplastarte, ni están tan lejos ni tan cerca. En cualquier barrio de París se consigue un médico, un peluquero, un panadero o un carnicero, todo está en 400 metros. Y con el tiempo que uno está acá, uno va haciendo amigos, la vida se convierte como en un pequeño pueblo. Luego, si me muevo  300 metros, nadie me conoce, me convierto en un ser desconocido. Esa es una noción  que me dio París desde el principio: la noción de libertad.

-Cómo fue ese proceso de adaptación a una nueva vida en Francia?

Desde siempre hubo una química tremenda entre París y yo. A pesar del poco francés que hablaba con mi esposa hicimos muchos amigos, y yo jamás me he sentí extranjero, tampoco me lo han hecho sentir. Hace dos años me dieron la nacionalidad francesa porque caramba, después de 50 años aquí, creo que me lo merezco! (risas). Recuerdo que cuando estaba empacando maletas para venirme mis amigos me decían que lo primero que tenía que hacer al llegar aquí era hacerme amigo del que vende los vinos, del que vende los quesos y del carnicero. Estos son los tres personajes claves de la vida parisina.

-A quienes encontró en París?

Yo me voy de Venezuela porque había comenzado a elaborar una plataforma conceptual sobre lo que hoy es mi trabajo y esa no era la noción de arte que existía allá en ese momento. En 1955 vine a París a visitar a mi amigo Jesús Soto que era compañero mío de la escuela en Venezuela y me dijo que fuera a ver una exposición que se llamaba Le Mouvement en la galería Denise René, en donde él iba a participar. Ir a verla fue lo que realmente me dio la certeza de que yo no estaba equivocado. Encontrar gente de muchas partes del mundo que estaban en la misma aventura de conseguir nuevas nociones de arte fue muy importante para mí. Ahí me dediqué a continuar y a profundizar en mi investigación.

- Cómo fue vivir en París en una de las épocas más interesantes a nivel cultural y artístico?

En el año sesenta, con mi discurso estructurado, decidí  mudarme definitivamente a París. La ciudad  había cambiado un poco, sin embargo, el mayor cambio se produjo en los años setenta con el crecimiento económico. Yo coincidí con un momento excepcional que fueron los años sesenta cuando aparecieron una cantidad de movimientos artísticos en Europa y en América Latina.  Entre nosotros los latinoamericanos existió una gran camaradería porque todos estábamos en la misma batalla. También había artistas yugoslavos, ingleses, israelíes e italianos. Recuerdo una gran exposición que se hizo de todos nosotros en Zagreb llamada Nouvelle Tendance, en donde todos expusimos un mismo pensamiento renovador con diversas soluciones.

-Qué lugares frecuentaban? Quiénes estaban en ese grupo?

En la calle Monsieur le Prince había dos discotecas, “L’escale” (La Escala) y La Candelaria.  Allí nos reuníamos casi todas las noches para tomar, comer alguna cosita y oír música latina. En la parte de arriba se escuchaban las guitarras y abajo estaba la pista de salsa. A París llegaron muchos latinoamericanos, argentinos, brasileros, venezolanos, peruanos y colombianos. Los paraguayos llegaron primero, a principios de los años cuarenta, y comenzaron a divulgar la música latina. Luego vinieron  Jesús Soto y Narciso Debourg, dos compañeros míos de la escuela y junto con ellos todos tocábamos guitarra y hacíamos conjuntos de música. Los argentinos organizaban el asado y los venezolanos nos encargábamos de la música. Ese combo era fiesta segura (risas).

- Nunca pensó irse de París?

París es como una bella mujer, si al primer momento te cae mal ni porque te ayude Mandrake lograrás convencerla. Hay amigos míos que vienen a París y sufren terriblemente porque todo les sale mal, no se adaptan y se van. Yo creo que ese es un problema de comunicación, hay quienes tienen facilidad de comunicarse y quienes no. Yo me siento bien acá, me gusta Alemania y Londres. España e Italia me fascinan.

La ambición que yo tenía en mi vida era cambiar nociones, porque yo considero que el artista debe cambiar nociones. Yo tenía mi discurso y necesitaba un lugar que fuese una plataforma de emisión de mensajes como lo es Londres, Nueva York o París. Como yo soy pintor me vine a París, si hubiera sido torero me hubiera ido a Madrid. Mucha gente me dice: “Porqué te fuiste a París si allá nadie compra cuadros?”. Yo no vine a París a vender cuadros, yo vine a París a debatir y a difundir mis ideas. Si hubiera querido vender cuadros me hubiera quedado en Venezuela.

-No le hacía falta Venezuela?

Venezuela es un país de afectos, lo que más me hacía falta era el cariño de mis amigos,  porque en realidad Venezuela es un país haciéndose, un país en donde uno no sabe si lo están construyendo o demoliendo. Nuestros países son países de promesas que nunca se cumplen y que si se cumplen son caricaturales. Venezuela es un país lleno de sorpresas.

Amor fiel a su barrio

- Maestro, qué es lo que más le gusta de este barrio? Porque nunca se ha querido mover de la calle Pierre Sémard?

Ya tengo 47 años viviendo en esta misma calle, soy el último sobreviviente (risas). Este barrio representa al París del cual me enamoré, por la belleza de sus edificios y de los espacios. Aquí nada es perfecto  porque es una ciudad que ha sido vivida, nada tiene noventa grados, pero sin embargo es algo bello, es quizás la belleza de lo más o menos bien hecho.

- Qué otros lugares de París le siguen emocionando?

Todo París. A todos mis amigos arquitectos que vienen a visitarme yo les hago un paseo: el París hermoso y afectivo, y el París horrible, el de la arquitectura moderna, una copia mala de lo que se ha hecho en Nueva York. La zona de la Defensa, por ejemplo, es un lugar que produce miedo, desolación y soledad.

- De qué manera el París de esos años ha cambiado hoy en día?

El francés ha cambiado mucho. Recuerdo que yo amaba París y todo los franceses me decían que esta ciudad era fría y gris, pero en esa época el francés era pobre, al final de la Guerra, el francés no podía viajar. Hoy en día el francés tiene dinero y viaja por el mundo, y al viajar por el mundo se da cuenta de que París es algo excepcional. En mi época ellos sólo conocían París y ahora se dan cuenta que es una ciudad maravillosa. Por eso es tan importante viajar, para poder comparar nuestra propia dimensión.

Un mercado que siempre ha existido

-Qué opina del mercado actual del arte?

El arte es un producto, todo lo que el hombre hace genera un mercado, y ese mercado del arte no es nuevo, siempre ha sido así. En el siglo XVII, por ejemplo, los artistas tenían su taller como yo lo tengo hoy aquí, con sus familias, sus asistentes y en donde había un espacio para vender las obras. Un escritor que no venda sus libros no puede seguir escribiendo, un músico o un poeta, igual. París es una plataforma para lanzar las ideas y ser oído y eso era lo que  a  mí me interesaba. Creo que todavía París sigue siendo una plataforma de debate como Londres o Nueva York.

Sin embargo, hay algo terrible que comprendí desde muy joven. Hay sitios en el mundo por donde no pasan las coordenadas de la historia. Yo creo que hasta ahora comienzan a pasar esas coordenadas en nuestros países. Antes, en los años cuarenta, lo que me desmoralizaba es que yo no tenía voz, mi país no figuraba en ninguna parte, yo veía los libros de arte y no había ningún artista venezolano, ningún artista latinoamericano. Yo me preguntaba, y es que nosotros no existimos? Yo quería hacerme oír, mostrarle a la gente que yo estoy vivo y que yo quiero y puedo mirar de frente a un americano o a un francés.  Yo creo que toda mi generación se vino a Europa porque era esa plataforma para ser escuchados. Ahora los jóvenes se van a Estados Unidos porque hay un mercado. En mi época uno no pensaba en el mercado sino en la ideas, es otra manera de pensar.

- Qué opina usted del precio desmedido de obras de artistas como Damien Hirst y Jeff Koons?

Lo único que queda en la historia, en la literatura, en la música o en la poesía es aquello que ha modificado un concepto, lo demás desaparece. Los impresionistas inventaron arte, los pintores abstractos inventaron arte, los verdaderos inventores son los que permanecen, los demás pueden tener un éxito económico maravilloso pero no permanecen en el tiempo.

Entrevista editada y publicada en El Espectador