


Artículo publicado en la Revista Avianca en Octubre 2009
Después de una increíble semana en la caótica y calurosa Estambul, me trasladé entonces al centro de Turquía. El domingo tomé un bus nocturno directo a Capadocia, una de las paradas obligadas de los miles de turistas que visitan hoy este país. El viaje en bus está muy bien organizado. Existen varias compañías que ofrecen múltiples rutas para viajar a precio razonable (40 liras que equivalen a 20 euros). Escogí Metro por la comodidad de las sillas y por los deliciosos paradores en los que se detiene durante las diez largas horas de viaje. Desde Estambul hasta Capadocia hay aproximadamente 730 kilómetros de distancia.
Famosa por su tradición cultural, histórica y sobre todo religiosa, esta región se convirtió, entre los siglos 300-1200 AC, en el centro del cristianismo, lugar en donde los primeros migrantes cristianos encontraron un refugio seguro frente a la persecución de los soldados romanos. La población cristiana se dedicó, en ese entonces, a construir abadías, monasterios e iglesias entre las enigmáticas cuevas en las cuales era fácil esconderse y protegerse de sus enemigos.
Entre las cinco provincias que comprenden la Capadocia, Aksaray, Nevsehir, Nigde, Kayseri y Kirsehir, mi destino final fue Göreme, un pequeño pueblo ubicado a 15 kilómetros de Nevsehir. La llegada en las primeras horas del día a un lugar extraño siempre me ha desorientado, pero un amable joven me estaba esperando en la pequeña estación de buses para llevarme al Hotel Kelebek, uno de los muchos hoteles en Capadocia que ofrecen la posibilidad de dormir dentro de las impresionantes chimeneas.
Entre las variadas caminatas y excursiones que ofrecen los tours de dos, tres o cuatro días en esta increíble ciudad, mi viaje a Capadocia tuvo, desde el principio, un único propósito: cumplir mi sueno de montar en globo. Así fue como, con más de tres semanas de antelación, ya había asegurado mi puesto para no arriesgarme a la falta de cupo en los intensos y turísticos meses de agosto.
El comienzo de una nueva aventura
La cita con los organizadores de la compañía Voyager Balloons fue a las cinco de la mañana en la puerta principal del hotel. Muy puntual esperé en la entrada a la pequeña camioneta que me recogió con un grupo de turistas que, como yo, volaríamos en pocas horas sobre las magníficas edificaciones de la ciudad. Pocos minutos después llegamos a las oficinas de la empresa en donde nos dividieron en varios grupos; era evidente: más de 50 personas nos embarcaríamos en diferentes globos.
Me dio la impresión que fue el clima perfecto para volar. Según uno de los organizadores, un poco más de viento y el vuelo se cancelaría. “No se pueden tomar riesgos”, me dijo seriamente. Menos mal!, pensé yo para mis adentros. Sin más preámbulos llegamos en tres camionetas al lugar del despegue en donde se estaban preparando cinco globos diferentes. Sin que nadie me lo ordenara, me embarqué intencionalmente en un globo colorido en amarillo, azul y rojo. Una razón de más para disfrutar del viaje. Con enormes ventiladores, los globos comenzaron a inflarse poco a poco, bien asegurados en tierra firme. Cuando finalmente mi globo estuvo listo, todos entramos y nos organizamos como pudimos.
Todas las “canastas” que acompañaban los globos estaban divididas en cinco compartimentos: cuatro para los viajeros y uno para el conductor y los tanques de gas. En mi canasta éramos 16 personas un poco apretujadas. Nerviosos y ansiosos con lo que se venía, el conductor nos dijo en tono de chiste que nadie podía tirarse del globo sin avisar, y que la única recomendación era que, en el momento de la llegada, cuando él dijera “landing position” (posición de aterrizaje) todos deberíamos agacharnos de rodillas y sostenernos de unas cuerdas pequeñas amarradas en la parte interior de la canasta. Esa fue su única condición.
Y así, casi sin darnos cuenta, con el bullicio de los demás viajeros en los demás otros globos, nosotros fuimos los primeros en despegar. Con el refrescante frío de la madrugada y los primeros rayos de sol, nos elevamos rápidamente al cielo de Capadocia y emprendimos vuelo. Igual de natural a los pájaros, despegamos y comenzamos a volar.
La historia de esta región es muy especial. Capadocia se formó hace setenta millones de anos cuando la “tufa volcánica” de la erupción de tres volcanes activos, Erciyes, Hasadag y Gulludog, se fue mezclando con las aguas del río Kizilirmak. Esta combinación, junto a la magnitud de fuertes vientos, fue dando lugar a las inmensas rocas en forma de chimeneas que se pueden admirar hoy en día, convirtiendo a Capadocia en una de las atracciones naturales más impresionantes del mundo.
Son estas edificaciones de colores claros y oscuros, el valle Rosado, el Rojo, y el Ilhara, las que se pudimos apreciar durante la increíble experiencia de montar en globo. Desde los 500 metros de altura en los que se encuentra el globo reconocí las ciudades subterráneas, otra de las maravillas de la región.
Hoy en Capadocia hay cerca de 200 ciudades subterráneas, aunque sólo veinte están abiertas al público. Estas eran utilizadas como refugios para las diferentes comunidades de la región y para la protección de los animales en las fuertes temporadas invernales. Estas ciudades se fueron convirtiendo, con el paso del tiempo, en verdaderos hábitats de supervivencia. Con habitaciones para guardar las provisiones, chimeneas para la ventilación, lugares especiales para la producción y el almacenamiento del vino, iglesias, abadías y hasta baños, los habitantes podían permanecer hasta ocho meses escondidos.
El sonido de la presión del gas me recordó entonces que estábamos volando, y poco a poco, los globos vecinos comenzaron a volar al mismo tiempo que nosotros. Cerca de 40 globos vuelan todas las mañanas de verano a la misma hora en Capadocia. Todos se comunican entre sí con radio teléfonos, asegurándose de las rutas y de la cambiante velocidad del viento. Aunque parecíamos ir lentamente, de un momento a otro, de manera muy sutil, nuestro globo descendió cerca de las montanas, mientras veíamos a los demás subir. De acuerdo con el conductor, el globo podría elevarse hasta 500 metros de altura y descender hasta 200 metros sobre tierra.
Después de la emoción y de la excitación de no cambiarme por nada ni nadie en el mundo, dejé de tomar fotografías, me detuve a mirar el paisaje con mis propios ojos y a respirar el maravilloso aire de esa mañana soleada. Nunca antes me había sentido tan cerca de las nubes.
Durante el vuelo la canasta casi ni se movió, contrario a lo que piensan los que todavía no han tenido el placer de vivir esta experiencia. Me pareció que recorríamos largas distancias, subiendo y bajando, y sin querer mirar el reloj anticipé que el aterrizaje estaría pronta a llegar. Posiciones listas! Nos advirtió el conductor y todos, entre risueños y asustados, siguiendo las órdenes del jefe, nos arrodillamos y nos protegimos con las cuerdas.
En tierra firme tres hombres nos estaban esperando para ayudarnos a sostener el globo. Con inmensas cuerdas nos halaron con mucho cuidado mientras el globo, muy lentamente, se comenzó a desinflar. Callada, como si me hubieran quitado mi juguete preferido, observé los demás globos con detenimiento. El mío ya estaba en tierra firme. Era hora de desembarcar.
Contrario a lo que pensé, el viaje aún no había terminado. A la salida los organizadores nos estaban esperando con una botella de champaña para celebrar la exitosa aventura. Brindamos todos, como viejos amigos, después de haber vivido, como bien nos lo dijo el conductor, “una aventura que sólo se vive una vez en la vida”. Mentira! Yo me encargaré de repetirlo una vez más.
Entrevista con Mehmet Atar, conductor del globo.
1. Cuánto tiempo lleva conduciendo globos?
Llevo ocho anos.
2. El viaje en globo es peligroso?
No hay ningún peligro, es mucho más seguro volar en globo que en avión. Las condiciones del clima son lo más importante. Si hay un poco más de viento de lo previsto, no se puede volar. Muchas veces cancelamos el vuelo el mismo día porque no podemos correr el riesgo.
3. Qué tipo de gas utilizan?
Gas propano.
4. Cuántos globos vuelan cada mañana?
40 globos máximo volamos al mismo tiempo. Todos estamos en permanente comunicación.
5. Qué sucede en caso de que se estrellen?
Lo máximo que puede pasar es que los globos se den “besitos”, pero nada más. No es grave.
6. Cuántas compañías de vuelo en globo hay hoy en Capadocia?
Volamos diez en total.
7. Y durante el invierno?
Los globos viajan todos los días en verano y en invierno. Todo depende de las condiciones meteorológicas.
8. Cuántos galones embarcan en la canasta?
Siempre llevamos dos tanques para volar y dos tanques de seguridad.
9. Que es lo mas difícil de volar?
El aterrizaje siempre es mas difícil.
Lugares para conocer en Capadocia
- El Museo de Göreme fue nombrado en 1984 Patrimonio Mundial de la Unesco. El museo, al aire, libre contiene 30 edificaciones naturales convertidas en iglesias y catedrales en donde vivieron sacerdotes y monjas. Cada una de estas construcciones contiene frescos originales de los siglos XIX y XI.
-Hoy en día hay 20 ciudades subterráneas abiertas al público en Capadocia. El guía le contará la historia de estas magníficas construcciones y el estilo de vida de las poblaciones que habitaron hace miles de anos atrás.
-Para los deportistas hay múltiples excursiones a caballo, en moto, camionetas o a pie para disfrutar del magnífico paisaje de la región. Se recomienda la caminata por el valle Rosado.
-Por último, no se puede ir de Capadocia sin disfrutar de su maravillosa gastronomía. El restaurante Nazar Borek lo deleitará con las deliciosos platos de la región.
Turquía, Agosto 2009