17 de septiembre de 2008

Inmigración y popularidad, los retos de Sarkozy en la Unión Europea


Escrito por Ana María Durán, corresponsal en París 2008


El mandatario francés asume la presidencia de la UE justo cuando se debate la mano dura frente a los inmigrantes y su imagen pasa por un mal momento. ¿Qué podría pasar durante su gestión?
“Mientras me ocupo de Europa también me ocupo de los franceses”, aseguró el presidente francés Nicolás Sarkozy en una entrevista en televisión días antes de comenzar su presidencia de la Unión Europea (UE). Explicó de manera detallada que la principal exigencia de los ciudadanos de la Unión es estar protegidos y prometió que haría lo que esté a su alcance para que ésta se convierta asimismo en protectora de los demás países del mundo.

Más que nadie Sarkozy sabe que este nuevo reto le puede traer no sólo satisfacción personal sino también lo puede ayudar a subir puntos en las encuestas, algo que necesita desesperadamente. Hoy el presidente francés sigue teniendo insatisfecho al pueblo francés quien se queja del alto costo de la vida, la falta de empleo, el ineficaz sistema de pensiones, la crisis económica y sobre todo, de sus duras políticas frente a la inmigración.

Durante su presidencia, uno de los mayores retos consistirá en asumir de frente el rechazo irlandés y polaco al Tratado de Lisboa y la posibilidad de otro “no” por parte de la República Checa (el Tratado de Lisboa le daría mayores alcances jurídicos a la UE y mayor capacidad de maniobra para tomar decisiones trascendentales).

Así mismo, Sarkozy aseguró que sus prioridades son por ahora el calentamiento global, la inmigración, la política monetaria y las políticas de seguridad. En este último tema, Francia buscará desarrollar un mercado europeo de armamento, promover cooperaciones industriales y establecer un centro de planificación de fuerza.

No hay espacio para tanta gente

En cuanto al tema de la inmigración, el presidente Sarkozy sigue empeñado en la mano dura contra las personas indocumentadas que llegan al territorio francés sin un plan laboral fijo. “Cuando uno encuentra alguien que no tiene papeles, debe ser devuelto a su país de origen. Si aceptamos a todo el mundo, vamos a explotar al país. Aquellos que tienen trabajo pueden regularizarse, pero no podemos darle papeles a todo el mundo. Todos los gobiernos europeos nos pusimos de acuerdo con eso. Nuestro objetivo debe ser hacer de Europa un medio de proteger a los europeos en su vida cotidiana”, aseguró.

Hoy Francia, Italia y España son los tres países que más necesitan encontrar nuevas políticas que solucionen la problemática de miles de indocumentados que hasta hoy no han podido encontrar un espacio justo en la sociedad. Cada vez son más grandes los grupos de “sin papeles” que se toman espacios en las grandes ciudades para denunciar la carencia de oportunidades y para demostrar también su disposición por encontrar un trabajo digno.

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