
Oscar: La película nació de mi experiencia en este lugar. Al principio iba a descansar y a hacer camping en la casa de Cerebro, el personaje que participa en la película. En unas vacaciones un hombre de la ciudad llegó al pueblo y se instaló al lado de la casa de Cerebro creando conflictos entre la comunidad. A partir de ese momento me pareció que valía la pena hacer una película que mostrara esas contradicciones a través de un viajero que se queda atrapado en el pueblo. En el guión trabajamos desde el 2005 y poco a poco comenzamos a pedir los permisos para comenzar a rodar.
El Pacífico es una zona poco explorada en el cine, una zona de olvido, y por eso la película tiene ese ambiente gris, melancólico, porque es como una metáfora de esa crisis que se vive el país. De parte de ellos siempre hubo mucho apoyo e interés en participar y una enorme confianza para desarrollar lo que nosotros queríamos hacer. Antes del rodaje, para conocernos mejor, organizamos actividades con ellos: proyecciones de películas y de teatro al aire libre y talleres de video con jóvenes del sector. Todo esto sirvió para que cuando filmáramos hubiera mucha confianza y tranquilidad.
Yo trabajé en el guión a través de una serie de vivencias que había tenido allá, pero durante tres años el guión fue cambiando. Sí quise trabajar con secuencias no planeadas y dejar que los actores naturales fueran libres para decir o hacer lo que querían. Claro, esa fue una de las dificultades del proceso, mezclar actores profesionales con no profesionales.
Rodrigo: Esta experiencia me llegó por afinidad. Mi contacto con afrodescendientes venía desde tiempo atrás porque durante algunos años trabajé como profesor en el distrito de Aguablanca. La dificultad fue que mi experiencia en el cine era mínima en ese momento, tengo una formación en teatro, y tenía que nivelarme a los actores naturales: la manera como hablan, como opinan, como miran. Este es un proyecto que nace de las entrañas de una gente que quiere hacer algo, con pocos recursos, sin un deseo de figurar en público, y lo más interesante es que a partir de una experiencia mínima, la historia alcanza una gran trascendencia humana.
Gerylee: Esta zona es una de las más lluviosas en el país. Es un lugar gris, más del 50 por ciento del tiempo nos llovió e inclusive nos atrasamos en una semana de rodaje por los improvistos climáticos.
Gerylee: Sí, y es la proyección que más emoción me ha dado porque es volver al lugar del cual salió. Ellos tienen otra cultura visual a través de la televisión y no están acostumbrados a ver lo que nosotros estamos presentando. Teníamos muchas inquietudes, pero el pueblo la recibió con mucho cariño. Estaban muy orgullosos de ser parte de esto.
Oscar: En Contravía Films tenemos un nueva película en la que estamos trabajando que se llama “La Sirga”, dirigida por William Vega, asistente de dirección de “El vuelco del cangrejo”. Vamos a rodar a principios del próximo año en el sur del país en la laguna de Cocha. Queremos seguir trabajando con este tipo de historias que partiendo de microcosmos explican de alguna manera la complejidad de un país como Colombia.
Entrevista publicada y editada en El Espectador:
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