9 de marzo de 2010

Patada en el rabo para Sarkozy


Anualmente, la primera semana de marzo, el Salón de la Agricultura recibe a las figuras más importantes de la política francesa. Esta vez, en su cuadragésima séptima edición, el presidente Nicolás Sarkozy decepcionó una vez más a miles de agricultores que se quedaron esperándolo desde el día de la inauguración de la « Gran Finca de Francia ».

A sólo dos semanas de las elecciones regionales, la mayoría de candidatos son conscientes de la importancia de asistir al Salón de la Agricultura, la más grande manifestación agrícola del país. Más allá de ser un evento que convoca a miles de agricultores y que le ofrece al público los más exquisitos productos de la gastronomía francesa, este es un espacio fundamental de comunicación política en donde candidatos, ministros y ex-presidentes buscan, cada uno a su manera, ganar votos o preservar su popularidad con la “verdadera Francia”.

La idea de esta celebración comenzó oficialmente en 1870 con la creación del primer concurso general agrícola. En 1925, el encuentro se trasladó al Centro de Exposiciones en la Puerta de Versalles, el sur oeste de París. Después de más de cien años, el evento ha evolucionado, pasando de un simple concurso de animales a lo que es hoy, el lugar perfecto de lobby político para unos, y una inmensa vitrina comercial para otros.

Por tradición, el Presidente de la República electo debe ser quien lo inaugura. El ex-presidente Jacques Chirac, por ejemplo, es uno de los mandatarios más recordados por los agricultores ya que desde su elección en 1995 sólo una vez dejó de asistir al evento (en 1999). Este cariño es indudablemente correspondido por sus compatriotas. En su visita de este año, uno de los asistentes gritó al verlo: “Chirac, por favor ven a salvarnos!”. "Como todos los años, esta visita será una nueva ocasión para mostrarle el cariño que le tengo a los agricultores. Les agradeceré por su trabajo excepcional de todos los días, un trabajo esencial para nuestra economía”, aseguró el ex-presidente.

Por el contrario, desde hace dos años, Nicolás Sarkozy no ha contado con la misma suerte. Este año, la ausencia del presidente el día de la inauguración fue terriblemente criticada por los asistentes y los demás políticos en un momento en el que el sector agrícola es uno de los más afectados por la crisis. En un año, quienes trabajan en el sector de la leche han visto caer el negocio en un 50 %, aseguró Bruno Le Maire, ministro de la agricultura.

Indiferencia, desinterés o quizás vergüenza por el episodio del año pasado cuando Sarzoky le contestó públicamente a un hombre que no quiso estrecharle la mano: “Lárgate pobre estúpido”, la situación entre el presidente y los agricultores no ha hecho más que degradarse. "El presidente Sarkozy tiene muchos problemas con el mundo de los campesinos. Nos hubiera encantado que el presidente inaugurara el evento, ya que eso hubiera sido un signo de su voluntad de defender nuestra profesión", aseguró el viernes pasado Jean-Michel Lemétayer, presidente de la Federación Nacional de Sindicatos Agrícolas.

Asimismo, uno de los participantes de la gran feria afirmó: "Si hubiera venido en los primeros días eso hubiera calmado la tensión, pero que hubiera venido el día de la clausura puede traer consecuencias graves”.

Esta vez Sarkozy llegó el sábado muy temprano en mañana, un día antes de la clausura. Después de dar un rápido paseo por la primera planta, el primer mandatario pasó luego a una mesa redonda para discutir algunos temas con varios representantes del sector agrícola. Los resultados no fueron satisfactorios: “ O el presidente no tiene soluciones, o le tiene miedo a los campesinos y las manifestaciones”, concluyó desilusionado uno de los asistentes.

Entre vacas, marranos y gallinas, más de treinta candidatos se presentaron la semana pasada al place to be del mundo de la política en Francia. Paradójicamente, uno de los hombres que más necesitaba ganar puntos llegó tarde, dejando a miles de agricultores malgeniados y desilusionados con el vino servido y el provocativo queso, una verdadera ofensa para cualquier francés.

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