Mujeres estilizadas vestidas en sastres marca Chanel caminando por los Campos Elíseos, inmensas boutiques de accesorios y adornos lujosos Louis Vuitton en cada una de las esquinas de la ciudad. Esa es la imagen de más de 600 mil turistas japoneses que anualmente visitan por primera vez la Ciudad de Luz. Pero quienes, por el contrario, proyectan una larga temporada de estudios o de trabajo -unos 12.000 japoneses en la actualidad- llegando a sufrir lo que el médico Hiroaki Ota pronosticó a finales de los años ochenta como “El Síndrome de París”.
Ansiedad, crisis de angustia, paranoia, delirio de persecusión y hasta fuertes alucinaciones son los principales síntomas de esta enfermedad. Después de los primeros cinco o seis meses de estadía, la persona recae en una seria depresión y tristeza. Sus principales causas: el shock cultural de enfrentar una realidad distinta a la esperada, la idealización de la vida en París como una vida lujosa y glamurosa. El individualismo, la impaciencia y el humor negro típico francés les resulta insoportablemente inmanejable.
Olivier Barles, director médico de SOS International, una de las organizaciones más reconocidas de asistencia médica en el mundo asegura: “La confrontación entre la armonía japonesa y el desorden francés los lleva a casos extremos de ansiedad y de angustia. Las verdaderas víctimas de este síndroma son quienes emprenden solos la aventura de venir a París, estudiantes y jóvenes ejecutivos que vienen a trabajar en grandes multinacionales”.
Sin embargo, para M. Okita, primer secretario encargado del servicio del consulado japonés en Francia, las víctimas de este mal son cada vez menos. “La información que han sacado los medios de comunicación es muchas veces exagerada y eso ha molestado a la gente, especialmente a los médicos y pacientes. Durante los últimos años se ha reportado un sólo caso por mes, menos de diez personas al año. Además el síndrome, más que una enfermedad, es una estado siquiátrico”.
Hoy existen médicos japoneses especializados en curar este síndroma. Entre ellos, el más reconocido es indudablemente el doctor Hiroaki Ota, quien hasta hace muy poco trabajó en el hospital psiquiátrico Saint-Anne para ayudar a sus compatriotas enfermos. Hoy tiene un consultorio privado.“El doctor Ota es el médico más conocido en París en tratar estos casos. Él entrena médicos practicantes desde Japón que vienen a ayudarlo por algunos meses. En los casos más extremos, la mejor solución es que el paciente se devuelva”, asegura M. Okita.
Humor francés para los franceses
El barrio japonés en París, entre las calles Saint-Anne et Petits-Champs, se ha convertido, hoy en día, en un espacio gastronómico obligatorio para los apasionados del sushi, las sopas y el pescado fresco. En el supermercado japonés Kyoko, Akiko Kawarabayashi, joven estudiante de pedagogía de la Universidad de la Sorbona, reconoce lo difícil de comprender la cotidianidad francesa. “Para nosotros en Japón, Francia es la Ciudad de la Luz en términos de moda. Muchos japoneses vienen con esa imagen, pero la llegada es realmente chocante a nivel emocional y cultural. La lengua es uno de los grandes problemas. El sistema educativo también es muy distinto. En Japón, el estudiante debe ser serio, prudente y hasta tímido, y aquí es todo lo contrario, la gente debe argumentar sus ideas en voz alta, hablar en público y debatir sus ideas”.
Durante los últimos años, la comunidad japonesa en París, con el apoyo de la embajada, se ha encargado de facilitar el proceso de adaptación de japoneses a través de una gran variedad de asociaciones culturales y educativas especializadas en la divulgación del talento y de la cultura japonesa. Entre las más reconocidas están la Casa de la Cultura de Japón en París, la Asociación Cultural Franco-Japonesa, la Asociación de familias franco-japonesas, la Asociación Joven de Japón y la Sociedad Franco-Japonesa de Medicina.
Para Kei Hakami, joven estudiante de los cursos nocturnos de la Escuela del Museo de Louvre, su experiencia en París ha sido más fácil de lo que imaginó: “En mi caso personal, París es una ciudad mucho menos estresante que Osaka. En Japón hay muchas reglas, son mis estrictos, no se puede fumar, hay que tener mucho cuidado con los demás. Desde que llegué hace tres años siempre me he sentido feliz aquí”.
Enfermedad, estado siquiátrico o simple depresión, el famoso síndroma de París es, sin lugar a dudas, el resultado de un enfrentamiento chocante entre dos culturas distantes. Sin embargo, no es una locura pensar que millones de inmigrantes que llegan hoy a la capital francesa pueden llegar a experimentar el mismo sentimiento de desilusión y engaño cuando confrontan el París de sus sueños con el París de la vida real. En este sentido, el síndroma de París no es del todo un mal japonés.
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