
Por Ana María Durán Corresponsal en París
Deportaciones, indiferencia y violación de sus derechos son algunos de los problemas que enfrentan los gitanos que deciden ir a Francia o a Italia en busca de mejores oportunidades.Ana María Durán, nuestra corresponsal en París, explica la difícil situación.
Francia ha endurecido sus políticas en contra de los migrantes y algunas minorías. Durante el gobierno de Nicolás Sarkozy han sido creadas medidas que fortalecen las leyes en contra de los indocumentados y en contra de algunos grupos minoritarios que ocupan el suelo francés de manera irregular. Uno de los grupos afectados por este hecho ha sido el de los gitanos, la comunidad minoritaria más amplia en Europa y la más marginada actualmente.
Hace pocas semanas un campamento ‘rom’ al noreste de París, uno de los más grandes en Francia con 622 personas, fue evacuado por la policía francesa. De las 150 familias que sobrevivían en carpas sin agua, sin electricidad y sin baños, 24 (aproximadamente 90 personas) fueron escogidas para continuar en Francia a través de un proyecto especial de inserción en la sociedad. Las demás familias fueron enviadas de vuelta a Rumania, país del que procedían, en aviones franceses con una ayuda estatal de 300 euros por adulto y 100 por niño.
Los criterios de selección para escoger a las 24 familias que recibieron el permiso de residencia en ese país fueron el dominio del francés, tener niños pequeños y capacidad de trabajo.
Algunas ONG y organizaciones de ayuda señalaron como “absurdos” los criterios utilizados para “escoger las familias que se van y las que se quedan” y además dudaron de la pertinencia de la evacuación. Coralie Guillot, de la Asociación Parada, (encargada de sensibilizar a la opinión pública de las difíciles condiciones de vida de los niños gitanos), aseguró en una emisión de televisión del canal France 2 que seguramente la mayor parte de expulsados regresarán a Francia. “Esta situación no ha cambiado con los años, siempre es lo mismo. La mitad del campamento ya se instaló en otro lugar. Los gitanos quieren construir una vida aquí y no se rendirán tan rápido. Y aunque sabemos que los niños que se quedaron serán escolarizados a través del programa de inserción, también comprendemos la decepción de quienes no fueron escogidos”, dijo Guillot ante las cámaras.
A la deportación de los gitanos se le suma la aprobación en la Unión Europea del plan de “fichaje étnico” propuesto por el presidente Silvio Berlusconi, mediante el cual las autoridades italianas tienen total derecho de tomar de las huellas digitales de los habitantes de los campamentos gitanos.
Por todo ello el Observatorio Europeo del Racismo y la Xenofobia ha señalado en repetidas ocasiones que el pueblo gitano es la mayor víctima de racismo en Europa, y que su marginación se ha hecho más evidente desde que la Unión Europea incluyó dentro de su comunidad a países de Europa del este con altos índices de pobreza.
En la actualidad, entre 12 y 15 millones de gitanos viven en Europa. Entre el 2004 y el 2007 la población ha aumentado en países como España (700 mil) e Italia (200 mil).
Los gitanos, tsiganes o roms, como los llaman en Francia, son una población diversa étnica, lingüística y culturalmente. Los historiadores coinciden en que estos grupos de artesanos y campesinos emigraron de Rajasthan, en el norte de India, en el año 1000 AC y fueron vendidos como esclavos en los Balcanes hasta el siglo XIX. Durante la Segunda Guerra Mundial fueron perseguidos por los nazis.
La difícil situación gitana debe se resuelta en el corto plazo y merece toda la preocupación por parte de los gobernantes del continente. El mes pasado la Comisión Europea se reunió en Bruselas para la primera convención sobre la discriminación y la violencia contra este pueblo. Al final la Comisión les propuso a los 27 países ofrecer oportunidades reales de integración a los miembros de esta comunidad. "La situación dramática de los gitanos no puede ser resuelta desde Bruselas”, aseguró el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso. "Los instrumentos para crear este cambio están en las manos de los países miembros, las políticas de integración de esta población son responsabilidad de cada uno de los Estados”, insistió.
Efectivamente urgen medidas que frenen la discriminación contra los gitanos y que, ya que son ciudadanos de la Unión Europea, permitan su integración a la sociedad como lo han logrado otros residentes.
Pero tal vez el primer paso para lograr un cambio sea que los mismos europeos cambien de mentalidad y cesen la discriminación para que escenas como la que se presentó hace unos meses en la playa de Nápoles (Italia), en la que dos niñas gitanas estaban muertas ante la mirada indiferente de los bañistas, no vuelvan a repetirse.
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